Cuando pienso en un héroe, imagino una figura como Superman: valiente, dinámica y dotada de poderes especiales que los seres humanos comunes no poseen. Él puede volar, tiene visión de rayos X y es capaz de doblar el acero gracias a su inmensa fuerza. Sin embargo, los héroes también tienen debilidades que podrían describirse como una reacción o vulnerabilidad ante algo similar a una alergia. O tal vez posean un defecto de carácter que les impida dar lo mejor de sí mismos. En el caso de Superman, su debilidad era el mineral ficticio conocido como «kriptonita», el cual le provocaba debilidad y dolor, impidiéndole así cumplir con sus heroicos deberes de salvar vidas.
El concepto del héroe ha existido desde hace siglos. En los tiempos bíblicos, un héroe solía ser una figura victoriosa, como el rey David, quien derrotó al malvado gigante Goliat con una honda y, posteriormente, continuó ganando guerras. No obstante, antes de convertirse en rey, David era un joven pastor que defendía a sus rebaños de los leones y osos errantes, animales que, además, eran físicamente más fuertes que él. En las Escrituras, específicamente en 1 Samuel 17:34-37, se relata un episodio en el que David expone sus credenciales para enfrentarse a Goliat. Así pues, él ya contaba con cierta experiencia en asumir la responsabilidad de velar tanto por su familia como por su rebaño, razón por la cual se le permitió entrar en combate. Se estaba preparando para la que sería su victoria heroica más célebre.
A medida que los cristianos se acercan a la festividad de la Pascua, celebrarán el Domingo de Ramos. Iglesias de todo el mundo conmemorarán la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Esta procesión pública marcó la primera ocasión en que Jesús declaró su papel como líder espiritual del pueblo judío en su país ocupado. Antes de esto, él había estado predicando a las multitudes, enseñando en las sinagogas y sanando a los enfermos. Lograba conectar con las masas de una manera que la clase religiosa establecida no podía. Dado que dicha clase religiosa colaboraba con el opresivo gobierno romano que ocupaba su país, gran parte de la multitud comenzó a mostrarse escéptica tanto hacia su iglesia como hacia su gobierno. Buscaban un héroe. Y allí estaba él, montado en un pollino, dirigiéndose hacia una multitud entusiasta que se había congregado con motivo del santo día de la Pascua y para darle la bienvenida a la ciudad. Expresaron su alegría agitando ramas de palma y aclamando: «¡Hosanna!».
Esta palabra tiene su origen en las Escrituras hebreas y significaba «sálvanos» o «líbranos». «Hosanna» era un clamor de auxilio. Con el paso del tiempo, en las traducciones griegas de las Escrituras, la palabra adquirió el sentido de alabanza, adoración o esperanza en Cristo. El pasaje del Evangelio de Juan capta la euforia de la multitud: «13 Tomaron ramas de palma y salieron a su encuentro, aclamando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el Rey de Israel!”» (Juan 12:13).
Así pues, la gente del primer siglo anhelaba ser liberada de su opresor romano y recurrió a Jesús como su esperanza. Sin embargo, deseaban una liberación militar y política, no solo una liberación espiritual, la cual no siempre produce resultados visibles. Las multitudes se regocijaban al ver a alguien —a quien consideraban su héroe— vencer al Imperio Romano que las había oprimido durante tanto tiempo. Lamentablemente, el enfoque no violencia que Jesús adoptó en su activismo resultó decepcionante para las multitudes, las cuales se volvieron en su contra en el transcurso de una semana, lo que condujo a su crucifixión. En ocasiones, las expectativas que no se aclaran ni se expresan pueden transformar a un héroe en un mártir, o generar la percepción de que es un villano. Un verdadero héroe no sucumbe ante la presión externa de las multitudes, las cuales pueden ser volubles y oportunistas. Jesús centró su atención en su fidelidad a su Padre y en su sacrificio para salvar al mundo mediante su muerte.
El escritor y profesor Joseph Campbell afirmó en una ocasión: «Un héroe es alguien que ha entregado su vida a algo más grande que sí mismo». A los héroes se les recuerda por mantenerse fieles a sus valores, su misión o sus creencias hasta el final, sin importar cuál sea el costo. Existe un artículo interesante en la revista *Time* que explora cómo ha evolucionado el concepto de heroísmo a lo largo de las épocas. Dicho artículo nos recuerda las tendencias que se han manifestado en los ámbitos de la religión, la literatura y la política. Asimismo, nos advierte sobre el peligro de depositar nuestra confianza en personas inescrupulosas, lo cual equivale a sucumbir ante la demagogia o, lo que es peor, ante la idolatría.
A lo largo de los siglos, hemos ampliado nuestra concepción de lo que constituye a un héroe. Para empezar, este rol ya no se atribuye exclusivamente a los hombres. La Organización Nacional de Mujeres (National Organization of Women) ofrece en su sitio web una «Historia de marchas y acciones masivas» que, si bien es sucinta, resulta exhaustiva. Existen muchas mujeres destacadas que han realizado grandes obras, tales como abogar por los derechos de los oprimidos y los vulnerables, y crear movimientos sociales. Héroes de toda índole han recurrido a sus ideales y a sus mayores fortalezas para ayudar a otros a superar todos los males que nos aquejan como sociedad y como nación.
Entre nosotros hay muchos héroes anónimos que acuden fielmente a su trabajo, mantienen a sus familias y crían a sus hijos; personas que merecen el mismo reconocimiento por su disciplina y fiabilidad que aquel que realiza un único y grandioso gesto. Durante la época de la COVID-19, a los profesionales de la medicina se les calificó de héroes; sin embargo, también hubo personas que cobraban por horas y que tuvieron que preparar y repartir alimentos, limpiar hogares y negocios, y cuidar de ancianos y niños, pero que no recibieron el mismo trato respetuoso, dado que su labor no resultaba tan glamurosa ni prestigiosa como la de los profesionales. A pesar de que sus empleadores los designaron como «trabajadores esenciales», no tuvieron el privilegio de trabajar desde casa para proteger a sus familias del contagio. Muchas de esas personas fallecieron por mantenerse fieles a sus empleadores y fueron igualmente heroicas, aun cuando sus esfuerzos pasaran desapercibidos.
Creo que muchos de nosotros poseemos cualidades heroicas que inspiran, protegen y proveen a los demás. Debemos indagar en lo más profundo de nuestro ser en busca de esa dignidad innata que nuestro Creador ha otorgado a cada uno de nosotros. Mi plegaria para todos nosotros es que reexaminemos las cualidades y las acciones de los héroes de nuestro tiempo. Que cultivemos los valores de la integridad y la compasión, tanto para con nosotros mismos como para con los demás, a fin de que podamos estar a la altura de las circunstancias cuando surja la necesidad de que un héroe dé un paso al frente en nuestra parte del mundo.


